miércoles, 22 de julio de 2009

Portada


Entrevista

José María Merino, escritor.

"La poesía me enseñó a valorar cada palabra"






















Estudió derecho, se dio a conocer como poeta, es uno de los maestros del cuento en castellano : José María Merino.


¿ La vida es un diccionario ?

- Digamos que en el diccionario están todos los elementos que representan la vida, y que no son otros que las palabras. Sin ellas habría vida, naturalmente, pero no lo sabríamos. Es lo que les sucede al resto de los animales…

El filandón.

- La reunión vespertina invernal, con las faenas del campo terminadas y la nieve cubriéndolo todo, en la que se hilaba (“filaba”) mientras se contaban cuentos, leyendas, sucesos…Muy propio de León y de otros espacios del norte. Luis Mateo Díez, Juan Pedro Aparicio y yo hemos creado un “filandón posmoderno” en el que, además de hablar, leemos cuentos cortos de nuestra propia cosecha…Tenemos mucho éxito, lo que demuestra que a la gente le gustan las veladas literarias, rurales o urbanas...

El sitio de Tarifa.

- Mi primer libro de poemas, el primero de todos mis libros, se titula así y habla de un asedio, de los hijos secuestrados como elementos de acoso por parte del enemigo…De los que tuvimos la educación del franquismo. Una parábola en forma poemática de la posguerra que yo viví de niño y adolescente.

La mano de la hormiga.

- El microrrelato de Juan Ramón Jiménez que lleva ese título hace una hermosa defensa del género. Pero ojo, no vale cualquier hormiga, hace falta que quiera y que sepa escribir un cuento, por pequeño que sea. Que tenga mano de verdad, vamos.

El sillón m.

- Confortable. Rodeado de una compañía sabia y amistosa. Espero seguir disfrutando de él muchos años y ayudando, dentro de mis posibilidades, a que el diccionario se siga ordenando de modo racional y coherente y a que haya armonía en el inmenso y vigoroso campo de la lengua española.

¿ Una novela es una isla ?

- Desde el punto de vista del escritor, puede ser una isla, perdida, desconocida, a la que es arrojado como un náufrago y empieza a descubrirla, a entenderla…Pero también puede ser una selva de la que sabe muy poco y cuyas dimensiones y características va desvelando. En ambos casos necesita esfuerzo, paciencia y buena suerte. Para el lector, la isla ya está colonizada y la selva, domesticada, aunque también a él le corresponde colaborar en el resultado….

¿ Continúa escribiendo poesía ?

- No. La poesía me enseñó a valorar cada palabra, pero yo era un poeta de baladas, un narrador de historias, y es lo que sigo siendo.

Cultiva la narrativa juvenil, ¿ cómo era el José María Merino adolescente ?

- He cultivado la narrativa juvenil y la infantil en algunas ocasiones, procurando que el Merino adolescente, que era un soñador que leía mucho, un lector riguroso y crítico, a pesar de su edad, hasta con las novelas de aventuras, no se avergonzase de lo que he escrito, si hubiese podido caer en sus manos.

Háblenos de sus viajes por Latinoamérica.

- La descubrí por casualidad –ya sé que no fui el primero- y me interesó como extraño espejo de mi propia cultura, de mi costumbre. Luego fui conociéndola cada vez más y siempre que viajo por allí siento lo mismo: lo familiar que a la vez puede resultar muy insólito, desconcertante. Mi lengua con muchas melodías. Un vocabulario que nos desborda a todos. Culturas a la vez reconocibles e irreconocibles.

¿ Cómo ve José María Merino la literatura infantil y juvenil actual ?

- La conozco poco. Ya dije antes que yo he escrito poca literatura infantil y juvenil: solamente en tres ocasiones, y el último libro hace once años…No puedo opinar con demasiado fundamento, porque además creo que hay una producción incesante, inabarcable. Sin embargo, creo que hay mucha vitalidad en el género.

¿ Qué le aporta el micro-relato frente al cuento o la novela ?

- He practicado el minicuento porque me gusta experimentar con todo lo que ofrezca nuevas posibilidades expresivas en el ámbito literario. El minicuento es el colmo de la síntesis, de la concisión: el espacio mínimo para que una historia se mueva. Precisamente por esa concisión resulta un arte difícil.

La sima.

- Una novela que escribí con mucha desazón, porque trata de ese cainismo que nos enfrenta desde hace tantos siglos a los españoles y en el que no solo veo las muchas guerras civiles que hemos mantenido, sino una actitud que está en el fondo de otros fenómenos, como ciertas formas de nacionalismo radical: el odio al vecino, al hermano. Y por supuesto, el odio a todo el que no piense como nosotros, que no sea de nuestra secta.

Recomiéndenos un libro (o unos libros).

- “Nosotros”, de Evgeni Zamiatin, (Akal) precedente directo de “1984” de George Orwell y de “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, por lo menos. “Los frutos de la niebla”, de Luis Mateo Díez (Alfaguara), el conjunto de tres novelas cortas con el que da cima a sus “Fábulas del sentimiento” y “El hombre de los dos corazones” de Ana Merino (Anaya) y no por amor de padre, sino porque es una magnífica novela juvenil…

¿ En qué está trabajando actualmente ?

- Me gusta alternar novela y cuento. Tras “La sima” estoy escribiendo cuentos y minicuentos…aunque sin perder de vista los apuntes para una novela que continúe el ciclo “Los espacios naturales” que comencé con “El lugar sin culpa”.


Ilustración : Urko Ugarte.

martes, 21 de julio de 2009

Ars
















Muestra antológica del escultor Ricardo Ugarte (Pasajes San pedro,Guipúzcoa 1942) en la ganbara del Koldo Mitxelena. Hasta el 5 de septiembre.























Exposición de Urko Ugarte en Torre Luzea (Zarautz). Hasta el 2 de agosto.

Poéticas


Cosmopolitismo.

¡ Cómo fatiga y cansa, cómo abruma,
el suspirar mirando eternamente
los mismos campos y la misma gente,
los mismos cielos y la misma bruma !

Huir quisiera por la blanca espuma
Y al sol lejano calentar mi frente.
¡ Oh si me diera el río su corriente !
¡ Oh si me diera el águila su pluma !

Yo no seré viajero arrepentido
Que al arribar a playas extranjeras
Exhale de sus labios un gemido.

Donde me estrechen generosas manos,
Donde me arrullen tibias primaveras,
Ahí veré mi patria y mis hermanos.


Manuel González Prada (Lima, Perú 1844-1918).




Yo voy soñando caminos.

Yo voy soñando caminos
De la tarde. ¡ Las colinas
Doradas, los verdes pinos,
Las polvorientas encinas !

¿ Adónde el camino irá ?
Yo voy cantando, viajero
A lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.

“En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día :
ya no siento el corazón.”

Y todo el campo un momento
se queda mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento,
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece,
Y el camino, que serpea,
Y débilmente blanquea,
Se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir :
“Aguda espina dorada,
¡ quién te pudiera sentir
en el corazón clavada !”


Antonio Machado (Sevilla, 1875-Collioure, Francia 1939)

Multa paucis




















China.

Por un lado el muro gris de la Universidad. Enfrente, la agitación maloliente de las cocinerías alterna con la tranquilidad de las tiendas de libros de segunda mano y con el bullicio de los establecimientos donde hombres sudorosos horman y planchan, entre estallidos de vapor. Más allá, hacia el fin de la primera cuadra, las casas retroceden y la acera se ensancha. Al caer la noche, es la parte más agitada de la calle. Todo un mundo se arremolina en torno a los puestos de fruta. Las naranjas de tez áspera y las verdes manzanas, pulidas y duras como el esmalte, cambian de color bajo los letreros de neón, rojos y azules. Abismos de oscuridad o de luz caen entre los rostros que se aglomeran alrededor del charlatán vociferante, engalanado con una serpiente viva. En invierno, raídas bufandas escarlatas embozan los rostros, revelando sólo el brillo torvo o confiado, perspicaz o bovino, que en los ojos señala a cada ser distinto. Uno que otro tranvía avanza por la angosta calzada, agitando todo con su estruendosa senectud mecánica. En un balcón de segundo piso aparece una mujer gruesa envuelta en un batón listado. Sopla sobre un brasero, y las chispas vuelan como la cola de un cometa. Por unos instantes, el rostro de la mujer es claro y caliente y absorto.
Como todas las calles, ésta también es pública. Para mí, sin embargo, no siempre lo fue. Por largos años mantuve el convencimiento de que yo era el único ser extraño que tenía derecho a aventurarse entre sus luces y sus sombras.
Cuando pequeño, vivía yo en una calle cercana, pero de muy distinto sello. Allí los tilos, los faroles dobles, de forma caprichosa, la calzada poco concurrida y las fachadas serias hablaban de un mundo enteramente distinto. Una tarde, sin embargo, acompañé a mi madre a la otra calle. Se trataba de encontrar unos cubiertos. Sospechábamos que una empleada los había sustraído, para llevarlos luego a cierta casa de empeños allí situada. Era invierno y había llovido. Al fondo de las bocacalles se divisaban restos de luz acuosa, y sobre los techos cerníanse aún las nubes en vagos manchones parduscos. La calzada estaba húmeda, y las cabelleras de las mujeres se apegaban, lacias, a sus mejillas. Oscurecía.
Al entrar por la calle, un tranvía vino sobre nosotros con estrépito. Busqué refugio cerca de mi madre, junto a una vitrina llena de hojas de música. En una de ellas, dentro de un óvalo, una muchachita rubia sonreía. Le pedí a mi madre que me comprara esa hoja, pero no prestó atención y seguimos camino. Yo llevaba los ojos muy abiertos. Hubiera querido no solamente mirar todos los rostros que pasaban junto a mí, sino tocarlos, olerlos, tan maravillosamente distintos me parecían. Muchas personas llevaban paquetes, bolsas, canastos y toda suerte de objetos seductores y misteriosos. En la aglomeración, un obrero cargado de un colchón desarregló el sombrero de mi madre. Ella rió, diciendo:
-¡Por Dios, esto es como en la China!
Seguimos calle abajo. Era difícil eludir los charcos en la acera resquebrajada. Al pasar frente a una cocinería, descubrí que su olor mezclado al olor del impermeable de mi madre era grato. Se me antojaba poseer cuanto mostraban las vitrinas. Ella se horrorizaba, pues decía que todo era ordinario o de segunda mano. Cientos de floreros de vidrio empavonado, con medallones de banderas y flores. Alcancías de yeso en forma de gato, pintadas de magenta y plata. Frascos de bolitas multicolores. Sartas de tarjetas postales y trompos. Pero sobre todo me sedujo una tienda tranquila y limpia, sobre cuya puerta se leía en un cartel: "Zurcidor Japonés".
No recuerdo lo que sucedió con el asunto de los cubiertos. Pero el hecho es que esta calle quedó marcada en mi memoria como algo fascinante, distinto. Era la libertad, la aventura. Lejos de ella, mi vida se desarrollaba simple en el orden de sus horas. El "Zurcidor Japonés", por mucho que yo deseara, jamás remendaría mis ropas. Lo harían pequeñas monjitas almidonadas de ágiles dedos. En casa, por las tardes, me desesperaba pensando en "China", nombre con que bauticé esa calle. Existía, claro está, otra China. La de las ilustraciones de los cuentos de Calleja, la de las aventuras de Pinocho. Pero ahora esa China no era importante.
Un domingo por la mañana tuve un disgusto con mi madre. A manera de venganza fui al escritorio y estudié largamente un plano de la ciudad que colgaba de la muralla. Después del almuerzo mis padres habían salido, y las empleadas tomaban el sol primaveral en el último patio. Propuse a Fernando, mi hermano menor:
-¿Vamos a "China"?
Sus ojos brillaron. Creyó que íbamos a jugar, como tantas veces, a hacer viajes en la escalera de tijeras tendida bajo el naranjo, o quizás a disfrazarnos de orientales.
-Como salieron -dijo-, podemos robarnos cosas del cajón de mamá.
-No, tonto -susurré-, esta vez vamos a IR a "China".
Fernando vestía mameluco azulino y sandalias blancas. Lo tomé cuidadosamente de la mano y nos dirigimos a la calle con que yo soñaba. Caminamos al sol. Íbamos a "China", había que mostrarle el mundo, pero sobre todo era necesario cuidar de los niños pequeños. A medida que nos acercamos, mi corazón latió más aprisa. Reflexionaba que afortunadamente era domingo por la tarde. Había poco tránsito, y no se corría peligro al cruzar de una acera a otra.
Por fin alcanzamos la primera cuadra de mi calle.
-Aquí es -dije, y sentí que mi hermano se apretaba a mi cuerpo.
Lo primero que me extrañó fue no ver letreros luminosos, ni azules, ni rojos, ni verdes. Había imaginado que en esta calle mágica era siempre de noche. Al continuar, observé que todas las tiendas habían cerrado. Ni tranvías amarillos corrían. Una terrible desolación me fue invadiendo. El sol era tibio, tiñendo casas y calle de un suave color de miel. Todo era claro. Circulaba muy poca gente, éstas a paso lento y con las manos vacías, igual que nosotros.
Fernando preguntó:
-¿Y por qué es "China" aquí?
Me sentí perdido. De pronto, no supe cómo contentarlo. Vi decaer mi prestigio ante él, y sin una inmediata ocurrencia genial, mi hermano jamás volvería a creer en mí.
-Vamos al "Zurcidor Japonés" -dije-. Ahí sí que es "China".
Tenía pocas esperanzas de que esto lo convenciera. Pero Fernando, quien comenzaba a leer, sin duda lograría deletrear el gran cartel desteñido que colgaba sobre la tienda. Quizás esto aumentara su fe. Desde la acera de enfrente, deletreó con perfección. Dije entonces:
-Ves, tonto, tú no creías.
-Pero es feo -respondió con un mohín.
Las lágrimas estaban a punto de llenar mis ojos, si no sucedía algo importante, rápida, inmediatamente. ¿Pero qué podía suceder? En la calle casi desierta, hasta las tiendas habían tendido párpados sobre sus vitrinas. Hacia un calor lento y agradable.
-No seas tonto. Atravesemos para que veas -lo animé, más por ganar tiempo que por otra razón. En esos instantes odiaba a mi hermano, pues el fracaso total era cosa de segundos.
Permanecimos detenidos ante la cortina metálica del "Zurcidor Japonés". Como la melena de Lucrecia, la nueva empleada del comedor, la cortina era una dura perfección de ondas. Había una portezuela en ella, y pensé que quizás ésta interesara a mi hermano. Sólo atiné a decirle:
-Mira... -y hacer que la tocara.
Se sintió un ruido en el interior. Atemorizados, nos quitamos de enfrente, observando cómo la portezuela se abría. Salió un hombre pequeño y enjuto, amarillo, de ojos tirantes, que luego echó cerrojo a la puerta. Nos quedamos apretujados junto a un farol, mirándole fijamente el rostro. Pasó a lo largo y nos sonrió. Lo seguimos con la vista hasta que dobló por la calle próxima.
Enmudecimos. Sólo cuando pasó un vendedor de algodón de dulces salimos de nuestro ensueño. Yo, que tenía un peso, y además estaba sintiendo gran afecto hacia mi hermano por haber logrado lucirme ante él, compré dos porciones y le ofrecí la maravillosa sustancia rosada. Ensimismado, me agradeció con la cabeza y volvimos a casa lentamente. Nadie había notado nuestra ausencia. Al llegar Fernando tomó el volumen de "Pinocho en la China" y se puso a deletrear cuidadosamente.
Los años pasaron. "China" fue durante largo tiempo como el forro de color brillante en un abrigo oscuro. Solía volver con la imaginación. Pero poco a poco comencé a olvidar, a sentir temor sin razones, temor de fracasar allí en alguna forma. Más tarde, cuando el mundo de Pinocho dejó de interesarme, nuestro profesor de box nos llevaba a un teatro en el interior de la calle: debíamos aprender a golpearnos no sólo con dureza, sino con técnica. Era la edad de los pantalones largos recién estrenados y de los primeros cigarrillos. Pero esta parte de la calle no era "China". Además, "China" estaba casi olvidada. Ahora era mucho más importante consultar en el "Diccionario Enciclopédico" de papá las palabras que en el colegio los grandes murmuraban entre risas.
Más tarde ingresé a la Universidad. Compré gafas de marco oscuro.
En esta época, cuando comprendí que no cuidarse mayormente del largo del cabello era signo de categoría, solía volver a esa calle. Pero ya no era mi calle. Ya no era "China", aunque nada en ella había cambiado. Iba a las tiendas de libros viejos, en busca de volúmenes que prestigiaran mi biblioteca y mi intelecto. No veía caer la tarde sobre los montones de fruta en los kioscos, y las vitrinas, con sus emperifollados maniquíes de cera, bien podían no haber existido. Me interesaban sólo los polvorientos estantes llenos de libros. O la silueta famosa de algún hombre de letras que hurgaba entre ellos, silencioso y privado. "China" había desaparecido. No recuerdo haber mirado, ni una sola vez en toda esta época, el letrero del "Zurcidor Japonés".
Más tarde salí del país por varios años. Un día, a mi vuelta, pregunté a mi hermano, quien era a la sazón estudiante en la Universidad, dónde se podía adquirir un libro que me interesaba muy particularmente, y que no hallaba en parte alguna. Sonriendo, Fernando me respondió:
-En "China"...
Y yo no comprendí.

José Donoso (Santigo de Chile,Chile 1924-1996).

Fragmenteando






















“ Iquitos, 26 de agosto de 1956


Querida Chichi :
Perdona que no te haya escrito tanto tiempo, estarás rajando de tu hermanita que tanto te quiere y diciendo furiosa por qué la tonta de Pocha no me cuenta cómo le ha ido allá, cómo es la Amazonía. Pero, la verdad, Chichita, aunque desde que llegué he pensado mucho en ti y te he extrañado horrores, no he tenido tiempo para escribirte y tampoco ganas (¿no te enojes, ya?) ahora te cuento por qué. Resulta que Iquitos no la ha tratado muy bien a tu hermanita, Chichi. No estoy muy contenta con el cambio, las cosas aquí van saliendo mal y raras. No te quiero decir que esta ciudad sea más fea que Chiclayo, no, al contrario. Aunque chiquita, es alegre y simpática, y lo más lindo de todo, claro, la selva y el gran río Amazonas, que una siempre ha oído es grande como mar, no se ve la orilla y mil cosas más, pero en realidad no te lo imaginas hasta que lo ves de cerca : lindísimo. Te digo que hemos hecho varios paseos en deslizador (así llaman acá a las lanchitas), un domingo hasta Tamshiyaco, un pueblito río arriba, otro a uno de nombre graciosísimo, San Juan de Munich, y otro hasta Indiana, un pueblito río abajo que lo han hecho todo prácticamente unos padres y madres canadienses, formidable ¿no te parece?, que se vengan desde tan lejos a este calor y soledad para civilizar a los chunchos de la selva. Fuimos con mi suegra, pero nunca más la llevaremos en deslizador, porque las tres veces se pasó el viaje muerta de miedo, prendida de Panta, lloriqueando que nos íbamos a volcar, ustedes se salvarán nadando pero yo me hundiré y me comerán las pirañas (que ojalá fuera verdad, Chichita, pero las pobres pirañas se envenenarían). Y después, a la venida, quejándose de las picaduras porque, te digo, Chichita, una de las cosas terribles aquí son los zancudos y los izangos (zancudos de tierra, se esconden en el pasto), la tienen a una todo el día pura roncha, echándose repelentes y rascándose. Ya ves, hija, los inconvenientes de tener la piel fina y la sangre azul, que a los bichitos les provoca picarte (jajá).
Lo cierto es que si a mí la venida a Iquitos no me ha resultado buena, para mi suegra ha sido fatal. Porque allá en Chiclayo ella estaba feliz, tú sabes cómo es de amiguera, haciendo vida social con los vejestorios de la Villa Militar, jugando canasta todas las tardes, llorando como una Magdalena con sus radioteatros y dando sus tecitos, pero lo que es aquí, eso que le gusta tanto a ella, eso que la hacíamos renegar diciéndole "su vida de conventillo" (uy, Chichi, me acuerdo de Chiclayo y me muero de pena) aquí no lo va a tener, así que le ha dado por consolarse con la religión, o, mejor dicho, con la brujería, como lo oyes. Porque, cáete muerta, ése fue el primer baldazo de agua fría que recibí : no vamos a vivir en la Villa Militar ni a poder juntarnos con las familias de los oficiales. Ni más ni menos. Y eso es terrible para la señora Leonor, que traía grandes ilusiones de hacerse amiga inseparable de la esposa del comandante de la Quinta Región y darse pisto como se daba allá en Chiclayo por ser íntima de la esposa del coronel Montes, que sólo les faltaba meterse juntas en al cama a las dos viejas (para chismear y rajar bajo las sábanas, no seas mal pensada). Oye ¿te acuerdas del chiste ese? Pepito le dice a Carlitos ¿quieres que mi abuelita haga como el lobo?, sí, quiero, ¿ cuánto tiempo que no hace cositas con el abuelo, abuelita? ¡Uuuuuuuuu! Lo cierto es que con esa orden nos han requetefregado, Chichi, porque las únicas casas modernas y cómodas que hay en Iquitos son las de la Villa Militar, o las de la Naval, o las del Grupo Aeronáutico. Las de la ciudad son viejísimas, feísimas, incomodísimas. Hemos tomado un en la calle Sargento Lores, de esas que construyeron a principios de siglo, cuando lo del caucho, que son las más pintorescas, con sus fachadas de azulejos de Portugal y sus balcones de madera; es grande y desde una ventana se ve el río, pero, eso sí, no se compara ni a la más pobre de la Villa Militar. Lo que más cólera me da es que ni siquiera podemos bañarnos en la piscina de la Villa, ni en la de los marinos ni en la de los aviadores, y en Iquitos sólo hay una piscina, horrible, la Municipal, donde va cuanto Dios existe : fui una vez y había como mil personas, qué asco, montones de tipos esperaban con caras de tigres que las mujeres se metieran en el agua para, con el pretexto del amontonamiento, ya te imaginas. Nunca más, Chichi, preferible la ducha. Qué furia cuando pienso que la mujer de cualquier tenientito puede estar en estos momentos en la piscina de la Villa Militar, asoleándose, oyendo su radio y remojándose, y yo aquí pegada al ventilador para no asarme : te juro que al general Scavino le cortaría lo que ya sabes (jajá). Porque, además, resulta que ni siquiera puedo hacer las compras de la casa en el Bazar del Ejército, donde todo cuesta la mitad, sino en las tiendas de la calle, como cualquiera. Ni eso nos dejan, tenemos que vivir igual que si Panta fuera civil. Le han dado dos mil soles más de sueldo, como bonificación, pero eso no compensa nada, Chichi, así que ya ves, en lo que se refiere a platita la Pochita está jodidita (me salió en verso, menos mal que no he perdido el humor ¿no?).
Figúrate que a Panta me lo tienen vestido día y noche de civil, con los uniformes apolillándose en un baúl, no podrá ponérselos nunca, a él que le gustan tanto. Y a todo el mundo tenemos que hacerle creer que Panta es un comerciante que ha venido a Iquitos a hacer negocios. Lo gracioso es que a mi suegra y a mí se nos arman unos enredos terribles con los vecinos, a veces les inventamos una cosa y a veces otra, y, de repente, se nos escapan recuerdos militares de Chiclayo que los deben dejar muy intrigados, y ya tendremos en todo el barrio fama de una familia rara y medio sospechosa. Te estoy viendo dar saltos en tu cama diciendo qué le pasa a esta idiota que no me cuenta de una vez por qué tanto misterio. Pero resulta, Chichi, que no te puedo decir nada, es secreto militar, y tan secreto que si se supiera que Panta ha contado algo lo juzgarían por traición a la patria. Imagínate, Chichita, que le han dado una misión importantísima en el Servicio de Inteligencia, un trabajo muy peligroso y por eso nadie debe saber que es capitán. Uy, qué bruta, ya te conté el secreto y ahora me da flojera romper la carta y volver a empezarla de nuevo. Júrame Chichita que no vas a decirle una palabra a nadie, porque te mato, y, además, no querrás que a tu cuñadito lo metan al calabozo por tu culpa ¿no? Así que muda y sin correr a contarles el cuento a las chismosas de tus amigas Santana. ¿No es cómico que Panta esté convertido en un agente secreto? Te digo que la señora Leonor y yo nos morimos de curiosidad por saber qué es lo que espía aquí en Iquitos, nos lo comemos a preguntas y tratamos de sonsacarle, pero tú ya lo conoces, no suelta sílaba aunque lo maten. Eso está por verse, tu hermanita también es terca como una mula, así que veremos quién gana. Sólo te advierto que cuando averigüe en qué anda metido Panta no pienso chismearte aunque te hagas pipí de curiosidad......”

Mario Vargas Llosa.
Pantaleón y las visitadoras.

Ilustración : Urko Ugarte.













Cajón de duendes





















Urko Ugarte. S/T. Técnica mixta sobre papel. 70 x 100 cm. 2005.

Liber-bri





















Título : El armario de Abdou.
Autor : Gonzalo Gómez Montoro.
Páginas : 60.
Editorial : Ediciones Tres Fronteras.
Primera edición : Marzo 2009.
Diseño gráfico : Paparajote.















Título : La sima.
Autor : José María Merino.
Editorial : Seix barral.
Número de páginas : 360.

lunes, 23 de marzo de 2009

lunes, 29 de diciembre de 2008

Entrevista

Eli Tolaretxipi, escritora.

"Los libros que amas no se acaban nunca"










Eli Tolaretxipi (Donostia, 1962) ha conseguido hacerse con un hueco propio en el panorama de las letras en Euskadi. En 1.999 edita su primer poemario, Amor muerto, naturaleza muerta, un libro de rupturas, de dolor ensimismado, en la editorial gasteiztarra Bassarai. Su segundo libro hasta la fecha es Los lazos del número.
Charlamos con ella acerca de sus autores preferidos, de sus lecturas de adolescencia entre otras cosas.

¿Cuándo comenzó a escribir ?

Nos leían cuentos, nos hacían escribir, en la escuela clandestina en la que estuve en los 60. Las profesoras eran muy lindas y cosmopolitas. Nos enseñaban de todo. Supongo que ahí tuve la intuición de la escritura como algo que le pertenece a uno, que sólo uno puede hacer de esa forma, algo, tal vez no del todo privado, pero sí íntimo, como la habitación de Van Gogh, cuya reproducción nos mostraron en una clase y pensé que si la vida era eso, estaría bien. Seguí escribiendo en el colegio, en la universidad, sin plan, por supervivencia.

¿ A qué autores leía cuando era adolescente ?

De los autores que recuerdo haber leído en la adolescencia, de los que guardo una huella más impresionante, Lorca, Cernuda, Antonio Machado, Juan Goytisolo, Carmen Laforet, Esther Tusquets, Flaubert, Stendhal, Kafka, Herman Hesse; también autores vascos, Ramón Saizarbitoria, JA Artze, Xavier Lete, Arantxa Urretabizkaia, Lourdes Iriondo. Creo que leíamos más a Unamuno que a Pio Baroja, sus ensayos, que te enseñaban cosas como la soledad, la conciencia, el pensamiento.

Conocemos su poesía. ¿ Guarda en algún cajón alguna colección de relatos,
algún ensayo, ...?


Leo más que novelas, relatos. Me gustan mucho Edgar A Poe, Clarice Lispector, Carson MacCullers, Chejov, Borges, Cortázar, Flavia Company, Luisa Etxenike, Jeannette Winterson, pero pocas veces he escrito cuentos. Y ensayo, no, nunca he escrito ensayos, aunque leo bastantes cosas sobre arte o literatura, de Miguel Casado, Rafael Cadenas, Hanni Ossott, Maurice Blanchot, Roland Barthes, Serge Daney. Sí tuve una columna en el suplemento cultural de un periódico y la experiencia me supuso un reto. Me sentía muy libre, podía mezclar la reseña con la ficción, la música con la literatura, con otras artes, el tamaño era adecuado para la síntesis, y aunque me costaba, cuando algunos decían no entiendo muy bien lo que dices pero me gusta, pues me producía cierta emoción, porque quería que el texto tuviera algo de objeto, de poema.

Háblenos de su labor como traductora.

Traducir es algo muy físico. Llegar a casa o en cualquier lugar, ponerte a traducir como si interpretaras una obra al piano. Empecé a traducir cuando me compré mi primer libro en inglés. Era de Poe y como no entendía todo, traduje un cuento. Es una manera pausada de leer y de comprender. Yo soy una amateur. Me gusta esa palabra que denota una tendencia amorosa por lo que haces y no profesionalidad, que tiene que ver con la rentabilidad, la explotación, la economía. Odio las expresiones del tipo “es muy profesional” en cualquier campo. Me dan bastante repelús.

He traducido a poetas cuya obra admiro mucho. A veces es doloroso meterse tanto, sales aturdida de algunos autores, pero es emocionante siempre, aunque su poética, sus planteamientos, su experiencia, resulten lejanos, como dices. Se aprende mucho.

¿Se escribe mejor en época de crisis (personal)?

Uno siempre está en crisis. La vida es tensa y violenta. Nacer, adquirir lenguaje, tratar de entender los lazos familiares, amar, despertarse, salir a la calle, hablar, estar callado, mirar, escribir, puedes construir tu burbuja, encerrarte en tu crisálida, pero ni siquiera eso deja de ser violento. El cuerpo también se rebela de forma violenta. Y encima, todo lo que está fuera, el asco, la rabia que te pueden producir cosas, actitudes, tuyas o de los demás. Es verdad que cuando algo, un acontecimiento doloroso, una muerte, una separación, se producen, a mí me cuesta escribir desde ahí. En una época me dio por hacer inventarios, listas inútiles. Para escribir sobre eso, la perspectiva es necesaria, cosificar el acontecimiento, volverlo literatura.

Vita brevis, ars longa.

En efecto, la vida de muchos artistas geniales es muy corta, pero las obras de arte ahí están. Sobreviven milenios, con su utilidad o su inutilidad, sus logros y sus fracasos. Hay obras de arte que consiguen detener el tiempo, crear otro. Obras que hablan del tiempo, del espacio, de las emociones, y crean una ilusión de simultaneidad real impresionante.

Kant : la belleza artística no consiste en representar una cosa bella, sino en la bella representación de una cosa.

La poesía, el arte que me interesa habla de las grietas, la afonía, lo estrecho, el ahogo, el miedo, con mayor o menor crudeza y severidad. La belleza a la que te refieres estaría en el estilo, en cierta mesura, en la contención. Eso se ve muy bien en la música, en la pintura de algunos artistas, en los textos de algunos poetas, que podían sufrir, estar hechos un asco y ser capaces de crear composiciones delicadas que sobrepasan los límites del dolor, de la agonía, y nos resultan “bellos”, de una belleza, en el fondo, un poco sucia, siniestra, en el sentido de que también hablan de nosotros y de la muerte. Como las mujeres de Poe, bellas e inteligentes en extremo, mira lo que representan. Los descuidos, los cercos, las manchas, una tela gastada, deshilachada, la belleza sórdida de la bocana de Pasajes o les Alyscamps, en Arles, esas ruinas tan toscas, el paseo de los sarcófagos, que un poema, una fotografía, una película transmitan eso, es lo que me interesa.

¿ Qué libro (o qué libros) le recomendaría a un poeta primerizo ?
Si alguien ya ha decidido ser poeta, es distinto. Sabrá buscar su camino a solas. Ahora pienso en mis alumnos, por ejemplo, que con 14, 15, 16 años, no saben mucho de poesía, que ante algunas canciones, algunos poemas, dicen, no tiene sentido. Cada uno ve lo que puede, claro, entiende lo que puede, y más estos adolescentes que son producto de esta época, los desgraciados recipientes de la basura de los medios de comunicación, tan deícticos, tan literales. Pero algunos, los más pacientes, llegan a comprender y a escribir algo. Creo que voy a hacer una antología, nada que ver con la literatura infantil y juvenil, que me parecen innecesarias y meramente comerciales, sino algo más sutil, un libro con poemas de autores de todos los tiempos, no sé, desde Catulo, Safo, hasta Olvido García Valdés, pasando por Emily Dickinson, HD, Elizabeth Bishop, Julia Otxoa, Raymond Carver, Karmelo Iribarren, Jorge Eduardo Eielson, Joaquín Marta-Sosa, Michaux… la lista sería interminable. Leeríamos un poema al día, lo comentaríamos, y luego seguiríamos con lo que tocara. A veces lo he hecho, se puede hacer.

¿ En qué está trabajando actualmente ?

Acabo de terminar una serie de poemas sobre la destrucción, y a pesar de haberlo entregado, porque se trataba de un encargo, sigo con esa nube en la cabeza. Por eso en las últimas semanas he vuelto a Fassbinder, a Jelinek, no sé, me interesan sus visiones, entender cómo trabajan la historia, cómo la expresan en su obra. Pero no soy muy ordenada y estoy sin querer acabar El Maestro y Margarita de Bulgákov, otro genio de vida breve. Los libros que amas no se acaban nunca.

Ars











Exposición antológica del pintor eibarrés Jacinto Olave (1877-1957) en Salas Kutxa-Boulevard. Hasta el 19 de abril.











Requiem 1, de Diego Vasallo.

Muestra colectiva multidisciplinar bajo el nombre de Lieder a cargo de los artistas Diego Vasallo, Rafael Berrio, Thomas Canet, Joserra Senperena y Suso Sáiz en Galería Arteko. Hasta el 28 de marzo.























Exposición antológica del escultor aragonés Pablo Serrano (1908-1985) en el Museo de Teruel titulada Las huellas del caminante. Del 4 de marzo al 13 de abril.












Obra de James Benning.

Exposición colectiva con el título de Los tiempos de un lugar. En el Centro de Arte y Naturaleza (Huesca). Del 23 de enero al 29 de marzo.

Poéticas

Carminum I, 11

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.

Horacio. (65-8 a.C.)


¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!

¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da...!

¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!

Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena...
Entonces... ¡Claro!... Entonces... ¡ni palabra!

César Vallejo (Santiago de Chuco,Perú 1892-París 1938).

Multa paucis

La linterna mágica.

Una de las cosas que distinguen mi carácter, y que en él sirven de contraste a ciertos arranques impetuosos, es la grandísima flema con que muchas veces me detengo, aun en los parajes más públicos, a mirar objetos que son tenidos por la gente de frac y levita como indignos de llamar su atención; así no es extraño hallarme con tamaña boca abierta parado delante de una tienda de estampas contemplando una testa contrahecha de Napoleón, un Gonzalo de Córdoba patituerto o un Luis XIV jorobado, y allí me estoy largo rato para despedirme después con una sonrisa: tampoco es raro el verme detenido en medio de una calle, estorbando, si es menester, a los que pasan, para oír la ensarta de disparates con que un ciego publica el romance nuevo, donde se da razón de la batalla sangrienta de los doce Pares de Francia contra los moros mandados por don Juan de Austria.
Un día, no muy lejano de éste en que escribo, iba yo por una calle muy concurrida, cuando picó mi natural curiosidad un grupo de personas apiñadas alrededor de una especie de cajón pintado de verde y colocado sobre un trípode de cuatro palmos de elevación, y que tenía en el frente que daba a los espectadores un cristal de forma circular. Cada uno de los que se acercaban a mirar por él entregaba un par de cuartos a un hombre extravagantemente vestido, que tocaba el tamboril; mientras, un muchacho de unos doce años, cubierto de harapos y no tan limpio como cualquier cosa sucia, gritaba sin parar, diciendo:

-Vamos, señores; ¿quién por dos cuartos no ve todos los países de la tierra y de la luna? Reparen el ahorro de dinero que esto puede proporcionarles. Aquí, aquí, señores y señoras de ambos sexos, y verán, sin necesidad de estropearse corriendo en un carruaje, de marearse navegando, ni de morirse de hambre y de asco en las posadas, todo lo que pasa desde la isla del gigante Revientapanzas, situada en el cuerno izquierdo de la luna, hasta los trópicos del polo norte, y desde allí hasta la casa del Preste Juan de las Indias.

Los circunstantes pagaban e iban mirando uno después de otro por el cristal, retirándose después muy satisfechos; el muchacho gritaba más fuerte cuando disminuía el número, y así continuó por un largo rato; íbame yo a marchar, cuando le oí que decía entre varios otros despropósitos:

-Ea, señores, aprovechen el día, que esto no se logra sino una vez al año; saquen esos cuartejos que se les están pudriendo en los bolsillos, y prevengan otros por esta noche, que el maestro dará una gran función de magia en la calle de los Imposibles, número treinta, primera habitación bajando del cielo. Allí verán ustedes cómo se adivina lo que ha de venir, y se dice lo que cada prójimo piensa de los demás, y los demás de él.

Al escuchar esto me acerqué al que el muchacho llamaba maestro, y que en realidad le convenía este dictado en la ciencia de los embrollos y mentiras.

-Oiga, usted -le dije-, ¿sería usted capaz de alcanzar lo que pensarán de cierta obrita en cierto país que yo sé?

-Sí, señor, y por de pronto digo: que esa obrita se titula El jíbaro y usted es el autor.

Quédeme pasmado, y él añadió:

-No es extraño la turbación de usted; lo mismo sucede a todos; pero, perdone usted que no puedo entretenerme, y si quiere ver maravillas no deje de ir esta noche a mi casa.

En efecto, llegué a ella de los primeros, y después de aguardar cerca de dos horas, se corrió una cortina, y empezó la función por mi pregunta, que había sido la primera, después de un rato de música de pito y tamboril,

-Muchacho -dijo el charlatán-, métete dentro del diablo.

Así llamaba una cara disforme, mal pintada en un lienzo blanco, detrás del cual se metió el asqueroso muchacho.

-¿Estás ya listo?

-Sí, señor, ya estoy dentro.

-Vamos, pues; dime lo que ves; prosiguió el maestro, a guisa de magnetizador.

-Señor, veo una ciudad en que hay unos cuantos que oyen leer un libro: los unos ríen, los otros bostezan; qué bueno es esto, dicen unos; que malísimo, dicen otros; cada cual cree conocer mejor que los demás dónde está el mérito y dónde las faltas.

-Bueno, muchacho; y, ¿qué más?

-Hay uno que dice que el autor es rubio; otro que moreno, y otro que negro.

-Muchacho, sigue, ésos son unos tontos.

-Señor, hay una vieja que dice que es hereje.

-Chico, chico, deja esa vieja, que después de haber dado, como se dice, la carne al diablo, quiere dar ahora los huesos a Dios.

-Hay dos guapos mozos que en cada personaje ven un retrato de una persona que conocen.

-Pues dale un coscorrón a cada uno de esos guapos mozos, para que aprendan a ver la falta y no el culpable, y para que sean más nobles y no crean tan bajo al autor.

-Señor, señor, veo a dos que están a punto de desafiarse, porque el uno dice que el autor es frío, y el otro que demasiado caliente.

-Déjalos que se rompan las narices, que los dos piden peras al olmo.

Habló después el muchacho de infinidad de tipos, que no dejaron de servirme de diversión: poetas que jamás han escrito un verso, literatos que ¡Dios nos asista!, críticos ignorantes que hallaban un defecto en el perfil de cada letra, y amigos desconsiderados que todo lo aplaudían; finalmente dijo:

-Ahora alcanzo a ver unos señores muy comedidos que discuten sin enfadarse y que hacen con mucha calma sus observaciones.

-Pues sal de dentro del diablo, para que no digas algún despropósito contra esos señores, que deben ser hombres de talento.

Salió efectivamente de detrás de la cortina, y yo de la casa pensando en lo que había oído.

Al día siguiente fui a buscar al charlatán para que me dijera cómo supo todo aquello de ser yo el autor de El jíbaro.

-Muy sencillamente -me respondió-: días pasados estuve donde imprimen la obrita, allí le vi a usted y hasta leí una prueba vieja que me dio uno de los cajistas que es amigo mío. En cuanto a la opinión que de ella formarán, eso es cosa olvidada ya y poco más o menos de todas se forma la misma, según el caletre de cada uno de los que la leen.

¡Dichoso yo!, exclamé cuando me vi lejos de aquella buena pieza, dichoso yo que no seré juzgado según me ha predicho este perillán, porque en Puerto-Rico ni hay quien me crea de ninguno de los colores del iris, ni viejas que me tengan por hereje, ni guapos mozos que me consideren capaz de copiar a un individuo determinado para hacer públicos sus defectos, ni majaderos que me crean frío ni caliente; sino personas instruidas y juiciosas que me tienen por templado, cual conviene al escritor de costumbres, y ajeno a toda pasión mezquina, v lo que es más ni siquiera tengo un enemigo, y carezco de envidiosos émulos, porque carezco también del mérito que pudiera acarreármelos. ¡Dichoso yo! que estoy cierto de que al concluir de leer este libro dirán mis paisanos lo que yo dije al comenzarle: Es el fruto de muchas horas robadas al sueño y al descanso de una profesión noble y santa a que se dedica.


Manuel A. Alonso (San Juan, Puerto Rico 1822-1889)

Fragmenteando

"En primer lugar mencionaré a mi amigo y colega, el profundo y conmovedor escritor palestino Izzat Ghazzawi, con quien puede que discrepe en muchas cosas pero a quien considero, primero y sobre todo, una voz palestina comprometida, auténtica ventana a la dolorosa experiencia de los palestinos en el último medio siglo, un excelente escritor, un maravilloso ser humano y -si se puede decir- un querido amigo.
Habrá discrepancias, perspectivas diferentes, ideas diferentes entre nosotros. Nada más natural : hasta en la sociedad palestina es difícil que dos personas se pongan de acuerdo y en la sociedad israelí es muy difícil que dos personas se pongan de acuerdo. Pero sorprende comprobar cuántas zonas de acuerdo, de acuerdo parcial, existen entre el señor Ghazzawi y yo.
Los europeos bienintencionados, los izquierdistas europeos, los intelectuales europeos, los liberales europeos siempre necesitan saber, primero y sobre todo, quiénes son los chicos buenos y quiénes son los chicos malos de la película. En este sentido, Vietnam era muy fácil. Se sabía perfectamente que los vietnamitas eran las víctimas y los norteamericanos el bando de los malos. El apartheid era muy claro : se podía discernir con facilidad que el apartheid era un pecado y la lucha por la liberación nacional, por la igualdad y por la dignidad humana, un derecho. Por un lado, la lucha entre colonialismo e imperialismo, y, por otro, las víctimas del colonialismo e imperialismo. Es relativamente simple : es fácil decir quiénes son los buenos y los malos.
Cuando se trata de los fundamentos del conflicto árabe-israelí, en particular los conflictos palestino-israelíes, las cosas no son tan simples. Y mucho me temo que yo no lo pondría más fácil diciendo : éstos son los ángeles y aquéllos los demonios. Sólo hay que apoyar a los ángeles y el bien prevalecerá sobre el mal. No es tan simple, porque el conflicto palestino-israelí no es una película del salvaje Oeste. No es una lucha entre el bien y el mal, más bien lo considero una tragedia en el sentido más antiguo y preciso del término : un choque entre derecho y derecho, entre una reivindicación muy convincente, muy profunda, muy poderosa, y otra reivindicación muy diferente pero no menos convincente, no menos poderosa, no menos humana.
Los palestinos están en Palestina porque ésta es la patria, la única patria de los palestinos. Igual que Holanda es la patria de los holandeses o Suecia la de los suecos. Los judíos israelíes están en Israel porque no hay otro país en el mundo al que, como pueblo, como nación, puedan llamar hogar. Sí como individuos pero no como pueblo, no como nación. Los palestinos han intentado, a regañadientes, vivir en otros países. Fueron rechazados, a veces incluso humillados y perseguidos, por la supuesta << familia árabe >>. Se les hizo tomar conciencia de la manera más dolorosa de su << palestinidad >>; no fueron aceptados como libaneses, ni como sirios, ni como egipcios, ni como iraquíes. Tuvieron que aprender con dureza que son palestinos y que Palestina es el único país al que pueden aferrarse.
Curiosamente, los judíos han tenido una experiencia histórica un tanto paralela. Fueron expulsados a patadas de Europa. Así sucedió prácticamente con mis padres hace unos setenta años. Igual que los palestinos fueron expulsados a patadas primero de Palestina y luego de casi todos los países árabes. Cuando mi padre era niño en Polonia, las calles de Europa estaban cubiertas de pintadas como <<¡ Judíos, a Palestina !>>, y a veces menos amables : <<¡ Malditos judíos, a Palestina !>>. Cuando mi padre volvió a Europa cincuenta años después, las paredes estaban cubiertas de pintadas como <<¡ Judíos, fuera de palestina !>>.
Muchos europeos siguen enviándome fantásticas invitaciones para pasar un fin de semana de ensueño en un delicioso centro turístico con compañeros palestinos, colegas palestinos, amigos palestinos, para que aprendamos a conocernos, a gustarnos, a tomar una taza de café juntos, a darnos cuenta de que ninguno de nosotros tiene cuernos ni rabo, con el fin de que el problema desaparezca. Dicha actitud se basa en una idea sentimental, muy extendida en Europa, de que todo conflicto sólo es en esencia un malentendido. Un poco de terapia de grupo, un toque de orientación familiar y todo el mundo a vivir feliz. Pues bien, traigo noticias tristes : algunos conflictos son muy reales, mucho peores que un malentendido. Y también traigo noticias sensacionales : me temo que no hay ningún malentendido esencial entre judíos israelíes y árabes palestinos. Los palestinos quieren la tierra que llaman Palestina. Tienen razones muy poderosas para quererla. Los judío israelíes quieren exactamente la misma tierra por exactamente las mismas razones, cosa que entraña al tiempo un profundo entendimiento entre las partes y una tragedia terrible. Por muchos ríos de café que bebamos juntos no se extinguirá la tragedia de dos pueblos que reivindican -creo que con razón- el mismo pequeño país como su única patria en todo el mundo. Tomar un café juntos es maravilloso y lucharé por ello, especialmente si se trata de café árabe, que es infinitamente mejor que el israelí. Pero el problema no se va a solucionar tomando café. Se requiere algo más que café y entenderse mejor. Se requiere llegar a un acuerdo, a un compromiso doloroso. Y la expresión << llegar a un acuerdo, a un compromiso >> tiene una reputación nefasta en la sociedad europea. Especialmente entre los jóvenes idealistas, que siguen considerando que llegar a un acuerdo es oportunista y algo artero y oscuro que implica falta de coraje. No en mi vocabulario. Para mí la expresión << llegar a un acuerdo >> siginifica vida. Y lo contrario de llegar a un acuerdo no es idealismo ni devoción. Lo contrario es fanatismo y muerte ..."

Amos oz. Contra el fanatismo. Biblioteca de ensayo Siruela, 2003.

Cajón de duendes





















Nature Mort XXII

























Nature Mort XXIV

























Nature Mort XXIII





















Sponge






Morella Muñoz-Tébar (Caracas, 1964) es fotógrafa y diseñadora. Estudió Diseño Gráfico en el Instituto de Diseño Fundación Newmann (Caracas) y Fotografía en el International Center of Photography (New York). Ha sido durante años Coordinadora de la Unidad de Fotografía del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber.

Liber-bri










Obama, la voz del cambio.

Autor : Jerónimo Andreu.

Ilustración portada : Iván Solbes.

Ediciones S, Madrid, 2009.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

domingo, 30 de noviembre de 2008

Entrevista

Julia Otxoa, escritora.

"La revolución más necesaria en nuestros días es la de la sensibilidad".





















Julia Otxoa (Donostia, 1953) es una de las imprescindibles de la letras vascas. Publica su primer poemario Composición entre la luz y la sombra en 1978 aunque su obra comprende también narrativa, poesía visual, ilustración, ensayo, pintura, fotografía etc.
Van de la mano en su trayectoria vital, compromiso, ética y estética, conjugándose como únicos estandartes válidos frente al "paisaje de miedo y muerte", frente a la barbarie.


¿ Somos de donde leemos ?

Me gustaría responder que soy del lugar de mis interrogantes. Pero qué duda cabe que nuestras lecturas influyen en nuestra formación intelectual, en nuestra existencia, modifican nuestra mirada, nuestro sentimiento sobre las cosas. Pero realmente si hablamos de donde somos, eso es algo mas complejo, mi sentimiento de pertenencia es un espacio espiritual en el que se interrelacionan, vivencias, geografías físicas y anímicas, equipaje cultural, etc. Considero que tanto mi obra literaria como gráfica es fruto de un equipaje cultural amplio y diverso que se nutre de múltiples fuentes procedentes de la literatura, la filosofía, el arte, la botánica, la historia etc. Sería preciso tener también en cuenta la resonancia que tiene en la obra de una autora o autor haber nacido en una geografía determinada, en un contexto familiar, social,cultural que conformará en cada caso una trayectoria personal diferente.

Porque en definitiva, el equipaje cultural del que surge mi ser, mi obra, no solo lo forman los libros que leo, la música que escucho, los pintores, escultores,fotógrafos que admiro también lo construye mi propia experiencia personal, el tiempo de luces y sombras que me rodea. Todo cuanto percibo forma ese universo vivido del que nace mi obra. Pero sobre todo mi ser lo forman mis preguntas, ese es mi equipaje que va transformándose a lo largo de los años, la brújula de mis búsquedas tanto en mi vida como en la Literatura o en el Arte.

¿ Es el poeta un exiliado perpetuo ?

Sí,la poesía pertenece mas al náufrago que al navegante. Recuerdo aquí la razón poética que propugnaba la filósofa Maria Zambrano , esa que saca a la filosofía del soberbio pedestal en la que parecía tan cómodamente instalada como gran diosa en su análisis del ser. La naturaleza abierta de este modo de pensamiento encarnado en poesia, concibe el ser en su inaprensible esencia de mutabilidad y discontinuidad entre los otros, desde la maravillosa indigencia del saberse nómada de sí mismo, milenario peregrino que balbucea en medio de espejismos. Metafísica poética asumiendo la luz y la noche que somos.

El pensador necesario sería por lo tanto el poeta, ese caminante que alejado de las rutas señalizadas por la costumbre, explora tal vez desnudo a cada instante , otras rutas marginadas , soñadas, sabiendo que todo puede ser cuestionable en su relatividad , porque , ¿Qué es sino interpretación temporal cuanto pensamos y creemos como conocimiento? Todo relativo, excepto esa enamorada, misericordiosa mirada hacia el otro, hacia cuanto existe, imprescindible para la común navegación dentro de este frágil cascarón de la condición humana. Andamio de huesos, humilde cuenco de tierra desde el que pensar el cielo y el corazón de los volcanes. Sí, posiblemente el corazón del poeta arde siempre en el exilio, iluminando la noche.

¿ Hablar de poesía es hablar de mayéutica ?

Sí, pero sin el magisterio socrático que implica la mayéutica entendida desde el concepto de maestro y discípulos que nos ha sido transmitido por la filosofía griega. Es decir la poesía recogería en su misma esencia el mensaje mayéutico pero sin mediar la voluntad de aleccionar, tan solo existiendo en sensibilidad, ya que esencialmente, hablar de poesía es hablar de percepción sensible del mundo, y cuando se da esta circunstancia las preguntas vienen como un modo natural de conocimiento, la sensibilidad, la humanidad hacia cuanto existe, es el motor de nuestra curiosidad, de nuestro conocimiento,de nuestra relación con los demás, de nuestro propio crecimiento existencial.

¿ Vivimos en la Edad de los bárbaros ?

Sinceramente, echando una mirada a la historia de la Humanidad,toda ella me parece haber transitado siempre por la edad de los bárbaros En mi caso personal, un ejemplo, soy hija del bando vencido en la guerra civil española, con mi abuelo materno, Balbino García guarda forestal en la sierra de Urbasa,asesinado en Eulate (Navarra ) el 7 de septiembre de 1936 por un comando franquista por el solo hecho de pensar diferente y recibir “El socialista” un periódico que existía entonces, y arrojado junto con un maestro de un pueblecito cercano a quien también mataron, a una sima de la sierra de Urbasa , sima a la que los pastores solían arrojar el ganado muerto. Guerra Civil en la que también murieron presos en sendos penales dos de los ocho hijos de Balbino, mi abuelo, mis tios, Luis García,anarquista de 20 años,y Clemente García ,republicano de 35. A ninguno de ellos llegué a conocer, sin embargo agradezco a mi familia el que jamás me transmitieran odio alguno por estos brutales acontecimientos , pero si la importancia de mantener viva una memoria de unos hechos por la dignidad de las victimas y la esperanza de que actos de tal barbarie jamás volvieran a ocurrir.

Tras todo esto, me tocó y me sigue tocando como a muchos de nosotros sufrir por el dolor de los otros, en este paisaje de miedo y muerte de la violencia de ETA en el País Vasco,es decir, mi memoria personal habla de una huella constante de barbarie que no ha mermado ni un ápice en mi los sueños de un mundo mejor, más humano.En definitiva, si la crueldad existe en la condición humana también existe en el hombre la capacidad de amar, la capacidad de vivir desde el librepensamiento, el soñar y luchar por la dignidad y la justicia, por un tiempo humanizado por una convivencia de respeto a lo diferente. La edad de los bárbaros continúa pero también es única e insobornable nuestra capacidad de amar y soñar en libertad , de vivir en paz. La literatura,el arte,la cultura en general tiene que ser testigo de su tiempo y eso conlleva la necesidad de no callar ante la gélida huella de la crueldad.

Cernuda, Lorca, Kafka, Zambrano, Chejov, Walser.

Todos ellos, excepto Cernuda permanecen dentro de mi interés actual, y hago la excepción de Cernuda, no porque considere que es un mal poeta, todo lo contrario lo considero un poeta esencial y de una contemporaneidad absoluta, si hago la excepción es porque dentro de mis lecturas actuales son otros los nortes, que en mi caso pasarían por regresar frecuentemente a la lectura de Kafka, Zambrano, Lorca, Chejov, Walser….Ocurre que el interés que experimentamos en determinadas épocas por algunos autores evoluciona con el tiempo, y hay escritores que al igual que un querido y necesario paisaje se regresa y otros a los que no, cumplieron nuestras expectativas de lectura en un tiempo y ahí quedaron.

Kafka, Zambrano, Lorca…etc siguen siendo para mí una rica fuente de evocaciones y de respuestas éticas y estéticas, viejos amigos que acompañan y dan consuelo, esperanza y calor en el camino.

Obama.

Puede ser el necesario cambio que no sólo América también el mundo entero espera, ese imprescindible giro político, social y cultural hacia un pensamiento progresista, que abogue mas por la defensa de los derechos humanos en la relación entre los países y los ciudadanos que por un orden mundial basado en el militarismo y el pensamiento único.



















Antimilitarismo.


Schopenhauer : la contemplación estética nos liberará del dolor.

Más que la contemplación estética yo defiendo la acción estética, en la que vida y obra se confunden y enriquecen en un todo único, en una sola percepción y acción en la que estética y ética son indisolubles.
La sensibilidad, raíz esencial en ese binomio es la que transformará en claridad la adversidad, la que hará evolucionar el dolor en un mayor crecimiento espiritual.

La naturaleza, imprescindible.

Tengo escrito en alguno de mis libros cuyo título no recuerdo ahora este poema:
“Nunca oraba en el interior de los templos, siempre lo hacía fuera, en el paisaje”.
La Naturaleza es la que hace posible la vida, que podamos existir, respirar. Nuestra relación con ella no puede ser otra que filial. A menudo experimento el sentimiento
de lo sagrado observando , caminando en medio de un bosque, junto al mar, bajo las estrellas…Cuando el hombre agrede a la Naturaleza, se olvida de ella en aras de un malentendido “progreso” se adentra en el camino de la autodestrucción. Terminaré como he comenzado con otro de mis poemas:

“También la libélula y la lagartija
como el Quijote o Hamlet
son páginas del libro prodigioso del universo”

¿ Son lo microrrelatos píldoras contra la indiferencia ?

Frecuentemente suelen preguntarme el motivo de mi elección del género breve como forma narrativa para mis relatos, en realidad no fue tanto elección como hallazgo, un buen día descubrí que el poema iba transformándose en otro paisaje en el que aparecían figuras, voces, que tenían historias que contar, el resultado final fue que el poema dio paso a la narración, pero sin abandonar aquellas herramientas de concisión y brevedad propias de las imágenes poéticas.

Me encontré por tanto escribiendo lo que los estudiosos del género denominan microrrelato, sin embargo tengo que decir que no trabajo el texto de un modo sujeto a un género determinado, sino que por el contrario, son las propias necesidades expresivas las que van condicionando la elección de una u otra opción narrativa en la consecución de mi propio deseo como escritora, utilizando el término deseo desde su significado de pasión como motor en el territorio indagatorio.

Por otro lado este tipo de narración me proporciona la posibilidad de un espacio literario abierto, lúdico, en el que utilizar la ironía, el misterio, el juego intelectual, literario y lingüístico, como ingredientes esenciales en la estructura narrativa que me interesa clara y concisa.

Sin embargo, lo sugerido, lo entrevisto, es tan esencial en mis textos como aquello específicamente narrado en ellos. Me atrae especialmente esa otra lectura no lineal que atraviesa la aparente invisibilidad de las cosas, para percibirlas de un modo no marcado por la costumbre. Trato por ello en algunos de mis relatos de descontextualizar circunstancias, textos, unidades simbólicas, formulándolas de un modo diferente en el tiempo de la ficción, en contraposición al ámbito cerrado de los discursos habituales sobre lo real.

Me planteo el ejercicio de escribir como mirada múltiple sobre la propia escritura y lo narrado, la literatura como arte combinatoria de universos simbólicos abiertos a múltiples lecturas e interpretaciones. Como viaje a través de la ficción hacia el ámbito público o privado de nuestro tiempo, a la memoria, a la Historia, al Arte, a la propia realidad del lenguaje como equipaje heredado, susceptible de ser reimaginado y transformado en la narración , en definitiva, concibo la literatura como proyecto móvil, como indagación en el camino de la fragilidad y el enigma prodigioso que somos. El viaje de la creación es para mí un apasionado recorrido por una red de interrogantes y paisajes ficcionales que se entrecruzan en la representación construida sobre un entramado de alegorías .
Que duda cabe que el microrrelato es un género, que aunque aparentemente dada su brevedad formal pueda parecer de fácil lectura, resulta todo lo contrario, este tipo de historias suelen requerir frecuentmente dos o mas relecturas, dado que es un género en el que lo sugerido, lo entrevisto es tan esencial como lo mostrado, y a menudo suele implicar al lector mas activamente que otra clase de géneros. Bien podría decirse, que sí, que el microrrelato es un detonador para la atención activa del lector, un antídoto contra la indiferencia .

¿ A qué autores leía cuando era adolescente ?

Si la memoria no me falla podría nombrar algunos, seguro que no a todos, pero de los que todavía recuerdo: Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, Antonio Machado, Fedor Dostoyevsky, Vladimir Mayakovsky, Simone de Beauvoir, Albert Camus ( éste último todavía sigue leyendo, y sigue siendo para mí de absoluta actualidad) , seguro que habría más, pero al menos son éstos los que recuerdo con mas viveza.


¿ Qué elementos debe tener un microrrelato ?

Concisión, brevedad, juego, misterio…Creo que lo he explicado en una respuesta anterior

La poesía visual.

En la panorámica del Arte Actual no hay una definición concreta para la Poesía Visual, experimental etc , ya que ésta puede participar a un mismo tiempo de múltiples disciplinas artísticas interrelacionadas , en un poema experimental puede haber fotografía, pintura, letrismo, música etc , puede ser incluso una pequeña instalación, un video etc, la definición actual de poesía experimental seria la “no definición”, un campo de investigación y expresión transfronterizo, un laboratorio abierto a ilimitadas intervenciones y expresiones estéticas. Como creadora no creo demasiado en las definiciones cerradas de los géneros literarios o artísiticos, me interesa esencialmente la calidad de su resultado final , las posibilidades combinatorias en sus estructuras formales , la diversidad de puntos de miras sobre las cosas abierta a todas las preguntas, a todas las investigaciones, a todos los caminos.












Academia

Desde que los egipcios comenzaron con sus epigramas los primeros poemas experimentales de la Humanidad, la poesía experimental ha evolucionado rápidamente, hoy se trata de que realidad objetual de siglo XXI responda a las inquietudes y a las interrograntes de los artistas contemporáneos. Considero que esa es la función de toda Estética, sea cual sea su herramienta de expresión formal, responder a las propias preguntas del autor y por ende a las interrogaciones y necesidades de su tiempo.

Por otro lado mi trabajo como escritora siempre ha ido paralelo al de mi investigación dentro de mi obra gráfica : dibujos, collages, ilustraciones, poesía experimental, objetos.

















Gato maniquí (ilustración infantil).



Digamos por tanto que tanto mi obra literaria poemas, relatos, ensayo, etc como mi obra gráfica participan de la misma raíz de búsqueda dentro de mi proyecto creativo. Únicamente que dentro de ese proceso formal y conceptual hay momentos en que la expresión precisa ser escrita y otras veces plasmarse mediante el color, la imagen, el grafismo o el objeto poético tridimensional o bidimensional , pero todo pertenece a la misma interrogación intelectual y personal.

Para terminar y antes de pasar a las imágenes de mis poemas visuales, decir que dentro del amplio universo de manifestaciones artísticas que me interesan dentro del campo de la poesía visual , estarían el constructivismo ruso en todas sus vertientes, el dadaísmo, el surrealismo, el expresionismo, el minimalismo dentro de la multiplicidad de resoluciones conceptuales, las performances, las instalaciones, los poemas objetos ( ,Duchamps, Joan Brossa etc. ) es decir, la poesía experimental en todas sus manifestaciones que en nuestros días son prácticamente ilimitadas como conjunto de disciplinas estéticas interrelacionadas.

En el siglo XIX se produce una laicización de la enseñanza; ¿ es necesario un siguiente paso : potenciar la sensibilidad ?

Yo diría que es el paso imprescindible la educación en sensibilidad, de la percepción en sensibilidad surgirá luego la acción estética, humana. La revolución mas necesaria en nuestros días es la de la sensibilidad. Sin sensibilidad no hay persona, no hay convivencia, no hay futuro.

¿ En qué proyectos trabaja actualmente ?

Concluyo un libro de poesía visual que recoge mi trabajo en estos últimos 15 años y que se publicará en el 2009. Espero la traducción al árabe de mi libro de relatos “Un extraño envío” por parte del departamento de filología de la Universidad de Casablanca en Marruecos, y que se publicará también en el 2009, y tengo pendiente de selección una abultada carpeta con relatos de estos últimos años, para su posible publicación en un futuro…y en la escritura de un par de relatos en clave irónica, uno sobre el mundo de los museos y el otro sobre la ontología de los términos bursátiles.

Poéticas


ODISEICA (casi hegeliana)

ULISES
posando verbalmente en un momento de duda

Yo, Ulises, que paseo a solas
por las playas feacias, me pregunto:
“¿Para qué sirve Ulises?”.

Ulises sirve para contar historias
a Nausícaa, que muy agradecida
le vistió ricamente, porque llegó desnudo.
Ulises es antiguo:
vive en un mundo ingenuo que confunde
saberes con lenguaje, realidades
con signos. Sólo así se explica
que los demás le crean, y le cambien
las palabras por cosas. Sin embargo,
él es más astuto, él es el único
que pudo atravesar indemne
los cantos de sirenas
(pues no son de verdad: así de fácil).
Pero ahora Ulises, mercader de cuentos
que acaba de venderlos todos
(no ya por una ropa: es una ropa
de semidiós, es el prestigio),
ahora se pregunta: “¿Adónde?”.
Tras Ítaca (esa excusa tan larga y diferida),
¿qué queda para Ulises?

Ulises al final llevará un remo
al centro de la tierra para seguir contando
donde no lo conozcan,
donde haya Nausícaas que aún confundan
un viejo caminante con un héroe de Troya,
un remo con el mar (por ignorancia
o por juego: claro que no es lo mismo, pero
tendrá que dar igual).
Son cosas que Penélope no entiende.

Yo, Ulises, que tiendo mi mirada
por los lomos equinos de las olas
(mientras finjo que ignoro si piso arena, oro,
agujas, alquitranes o condones),
me digo: “Oh, Ulises, vivir
no es necesario. Sólo es necesario
fabular”.



Ana Mourier. Libro de los Pájaros, Col. de Pliegos de Poesía “Siete Mares” (Cádiz, Diputación), 2006, nº 2

Ars

EXPOSICIÓN











Exposición de pintura del artista Urko Ugarte en el Centro Cultural Lugaritz (Barrio del Antiguo), Donostia.

Del 7 de enero al 31 de enero.


EXPOSICIÓN

Exposición 12 x 12. Pasai San Pedro. Obras de pequeño formato. Participan : Ricardo Iriarte, Xabier Bastarrika, Maite Sagarzazu, Morella Muñoz-Tébar, Urko Ugarte,....

Del 12 de diciembre al 7 de enero en Pasai San Pedro. Después pasará por Hendaya y Huarte.


EXPOSICIÓN






















El ilustrador alemán Quint Buchholz (Stolberg, 1957) expone obras pertenecientes a su libro El coleccionista de momentos.

Del 1 de octubre al 31 de mayo en la Biblioteca Central (Donostia).